Sabbats, ruedas y ciclos personales

    Mi reflexión de hoy gira en torno a las archiconocidas celebraciones paganas de la rueda del año y algunos de los pensamientos que me han ido suscitando estas festividades y el debate sobre su celebración a lo largo de estos años de redescubrimiento de mi espiritualidad.

    Aclaración: Por si acaso, y porque ahora internet es un nido de ofendidos, pido disculpas por adelantado por si alguien decide tomarse mis palabras de manera demasiado personal o demasiado en serio... Paso de ser solemne y bienqueda, he venido a hablar de mi libro, digo, de mis vivencias. Y son las que son y las expongo tal cual y a veces, con humor. Puedo cometer errores. Siento mucho que te afecte tanto la opinión de una persona anónima de internet. Si es tu caso, háztelo mirar. Ya me lo agradecerás en algún momento.

    Primeramente, al interesarme por la wicca / neopaganismo mainstream, claramente me llamaron la atención las celebraciones anuales o sabbats. Lo vi una forma muy chula de tener "algo que celebrar". Parte de esa sensación de ruptura con el entorno que uno vive cuando se aleja de las costumbres cristianas predominantes se ve mitigada si piensa que, al menos, va a tener alguna fiesta que celebrar, con comida, bebida y otras personas con las que compartirlo. ¡Qué nos gusta a los humanos, como seres sociales que somos, una buena fiesta!

    Además, ¡qué bueno! son festividades en teoría ligadas a ciclos naturales (solares, lunares, de cosecha o popurrí de todo eso), por tanto uno se siente muy feliz, muy "en sintonía con la pachamama". Qué bonito el culto a la naturaleza, las cosechas, súper romántico... Pero la cruda realidad es que, al menos en mi caso, no he tocao una cosecha en mi vida. Apenas he sido capaz de cuidar de unas simples plantas. Se me muere hasta el romero. No soy un zoquete, soy muy capaz de aprender otras muchas cosas, también te lo digo, pero la jardinería no es lo mío. No se puede ser buena en todo. Así que lo más cerca de los ciclos agrícolas que he estado es consultar un pdf con una tabla de las frutas y verduras de temporada para intentar comprar de forma más sostenible y variar mi surtido de vegetales según la estación para darle emoción a mi vida y no aborrecer los mismos sabores.

    El caso es que al principio me refugié en esas celebraciones viéndolas como una época para reflexionar sobre ciertos aspectos o una excusa para trabajar a nivel interno aspectos similares a los que se ven fuera. Y supongo que si hubiera tenido un grupo de gente con quien celebrarlo, quizás me hubiera dejado llevar por el ritmo ragatanga y seguiría haciéndome ilusión aunque no conectara a nivel profundo con su significado.

    Sin embargo, actualmente, no me cuadra todo ese "lore" de que la diosa y el dios tal, sus ciclos, boda-embarazo-muerte, consorte-esposo-hijo, doncella-madre-anciana, blablabla. A ver, como una mitología más que conocer y tener en cuenta está bien. Aunque me gusta más el mito de Perséfone... Pero bueno, que no necesito estas historias para explicar por qué las cosechas dan fruto cuando lo hacen, ni espero que por la clemencia de los dioses haya comida para pasar el largo y frío invierno. Sólo necesito que hayan suministros en el supermercado para poder cumplir con mis necesidades nutricionales. Y con lo adelantada que está la tecnología, confío en que esto de que haya alimentos en todas las épocas del año lo tienen bastante controlado. Si no, pues ya me empezaré a preocupar. Es poco práctico crearse problemas donde no los hay.

    Por tanto, no es una necesidad real para mí celebrar las festividades neopaganas típicas, y si dijera lo contrario estaría mintiendo. Entonces, ¿en qué me afectan a mí las estaciones? ¿Qué implicaciones directas tienen en mi entorno, territorio, familia, costumbres/hábitos o estado anímico? Creo que aquí está el quid de la cuestión y el trabajo interesante. Claro que es más fácil tirar de librito de turno y correspondencias y que te den todo hecho: significado, actividades, colores, rituales, contexto de lo que debes celebrar... Lo difícil es conocerse a uno mismo, anotar cada cierto tiempo sensaciones y experiencias e ir sacando conclusiones comparando año tras año. Y no forzar nada sino observar y fluir con aquello que nos apetece hacer. Luego, si queremos, le podemos buscar sentido o explicarlo, pero puede cambiar porque nuestra vida también lo hace.

    Volviendo a la historia de mi vida, después de emocionarme con la rueda del año vino el volver a reconciliarme con las fiestas sociales mayoritarias, o incluso los paralelismos de éstas con antiguas tradiciones de la zona. Por poner varios ejemplos cito las similitudes entre Yule y Navidad o, en mi ciudad, las Hogueras de San Juan (porque en Alicante no tenemos fiestas de Fallas, se llaman Hogueras y en vez de en marzo caen en la época en la que los paganos celebran Litha o el solsticio de verano con sus fueguitos y sus hogueras en la playa...)

    Pues me encanta ver estas similitudes, y entender el concepto que subyace a cada festividad independientemente de qué religión la reclame como suya. La tradición de los regalos de Navidad, por ejemplo, proviene de una práctica de redistribución de la riqueza de los que más tenían a los que menos para que nadie muriera de hambre. Y me fascina imaginar por un momento que la gente que ahora celebra las festividades habituales, siguen haciendo lo mismo que algunos antepasados hacían por otras razones completamente diferentes.


    He tenido una época de negarme a celebrar ningún evento astronómico (lunas ni fiestas solares), y hacerme la sueca cuando otros compañeros se deseaban feliz imbolc, yule, samhain... porque pasaba totalmente de ceñirme a fechas y me negaba a dejarme llevar por lo que hacía todo el mundo si a mí no me salía de dentro.

    He sentido y siento, que limitarme al "mood" que me proponen unas festividades cíclicas no encaja con mi desarrollo. ¡Como si no me pasaran a mí suficientes cosas! Soy cíclica, sí, pero mis ritmos son diferentes, y mi desarrollo o los aprendizajes que adquiero están íntimanente ligados a mis experiencias físicas (trabajo, amor, familia, estudios, abundancia, sentimiento de pertenencia, autorrealización, crecimiento personal...) y no tanto a los ciclos de la naturaleza. Puede que tarde un par de años en atravesar una época oscura de mi vida en la que estoy perdida porque tengo que encontrar mi propósito o dejar ir ciertas cosas. Por mucho que en Mabon-Samhain-Yule me encaje trabajar en ello, puede que cuando llegue la primavera, la naturaleza siga su curso alegre y fértil de los acontecimientos pero yo siga en mi inframundo personal. O al revés. Y no pasa nada.

    Con esto no quiero imponer mi criterio a los demás y promulgar el libertinaje festivo como modo generalizado de vida. Si cada uno es feliz con lo que celebra o deja de celebrar, y sirve para conectar a nivel social con otros practicantes a modo de "sentimiento común" me parece perfecto y yo ahí no me meto. Pero estoy segurísima de que no soy la única que alguna vez se ha sentido "atropellada" por el frenetismo de los acontecimientos externos. O poco coherente con una misma celebrando festividades de la naturaleza cuando por dentro sentía estar en otro momento de su vida. En ese caso, al leerme igual se plantea las cosas de otra manera. De cualquier manera, compartir siempre está bien.

    Para terminar, ya a nivel personal, he observado que últimamente mis mayores cambios han sucedido comenzando el otoño, en septiembre, época en la que siempre siento que empieza algo nuevo, se me renuevan las energías, deja de hacer tanto calor y empiezo a tener ganas de aprender cosas, emprender proyectos, desarrollar habilidades creativas y hacer cosas nuevas. Tenga vacaciones en verano o no, para mí septiembre empieza como un soplo de aire fresco y nuevo. Sin embargo, año nuevo a veces también significa vida nueva de verdad. Hace un año dejé mi trabajo justo cerrando el año. Y años anteriores, he tenido todas las mudanzas en esa misma época. Así que durante el invierno, empiezo a ordenar mi vida y suele ocurrir que, por febrero-marzo cuando empieza a hacer menos frío, mi experiencia es que suelo hacer una limpieza general, ordenado de estanterías... que luego me llama la atención que coincida con Imbolc-Ostara, la llegada de la primavera, el "spring cleaning" que hacen en las zonas de climas fríos. Lo cual es gracioso porque el frío de Alicante suele ser suave. La primavera es un poco bipolar, con la mezcla de la emoción de hacer planes al aire libre y una desgana atroz. Se suelen paralizar o ralentizar mis proyectos y no me cunde la vida. El verano llega en seguida y se me pasa entre la pereza por calor, el vivir un poco "hacia fuera" y en vacaciones, descansar del frenetismo y el agotamiento del año (suelo coger un catarro gordo a finales de verano). Sin ejecutar nada pero ya mi cabecita empieza a planear la vuelta a la calma y la energía otoñal, donde me recojo y empiezo a vivir un poco más "hacia adentro", lo cual me recarga las pilas.

    A nivel mensual no noto cambios significativos según fases de la luna, ciclo menstrual, etc. Así que a pesar de que en mujeres suele hablarse más de este ciclo lunar, en mi caso deduzco que tengo un ciclo interno más solar. Chica, así soy, femenina pero masculina (aclaración: hablo del sentido mágico-esotérico, no de perspectiva de género. No me metáis en pantanos que no estoy pisando).

    Luego cada año, según las circunstancias externas o la vida en general, hay ciclos de cambios "más grandes" que son aprendizajes y etapas de la vida ocurriendo a un ritmo usualmente más lento que suele silenciar o condicionar ligeramente mis ciclos de energía interna (los anteriormente descritos). Ahora, por ejemplo, acabo de salir de un pozo en el que llevaba un par de años. Así que, ni siquiera el final de este artículo tan largo es demasiado tarde para decir:

¡Hola, encantada de volver a estar por aquí!

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