Aliados (Al)químicos

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Algunos de los que leáis este blog sabréis ya, quizás porque me conozcáis un poquito más, que soy farmacéutica de formación, aunque no ejerzo mis funciones laborales en una farmacia. Hay muchísimas otras salidas laborales interesantes, aunque reconozco que el primer año que estuve trabajando en una me lo pasé bastante bien y da para muchas anécdotas graciosas.

Actualmente, 7 años después de terminar la carrera, estoy en un punto totalmente diferente a aquel primer año en la farmacia, pero que tiene gran sentido ahora que miro hacia atrás y veo cómo se ha ido conectando todo con el tiempo. Toda esta chapa viene para explicar un poco a qué me dedico ahora. Soy técnico de I+D en un laboratorio cosmético. Diseño cosméticos desde cero, hago potingues a diario en mi laboratorio-oficina y me "peleo" mano a mano con las sustancias. A días sale todo rodado y otros días sale todo mal y me toca averiguar por qué. Durante estos 9 meses que llevo ejerciendo mi función, he ido desarrollando una "intuición" muy curiosa a la hora de formular.



En base a haber trabajado con las distintas materias primas (o ingredientes si preferís llamarlos así), empiezo a ser capaz de imaginar cómo va a quedar una mezcla si le añado una cosa u otra, qué se disuelve con qué otra cosa, si debería calentar un poco o no, o qué maquina usar para mezclarlo todo o hacer la emulsión.

Hasta incluso voy desarrollando una afinidad distinta con las materias primas según el resultado o los problemas que me han dado, la textura que tienen, lo efectivas que me resultan... Casi como si tuvieran una personalidad. Por ejemplo: hay materias primas más pegajosas, como una miel, pero que luego son súper sencillas de disolver. Otras parecen un inofensivo polvo finito que desaparece pero que al día siguiente precipita en forma de cristales con un buen afán de protagonismo. Otros son los típicos a los que recurres siempre porque te dan una muy buena textura final y no te fallan nunca, o incluso hay alguno al que me tengo que ganar y cogerle el punto en base a prueba y error porque se sale de todos los esquemas posibles.



Todo esto me hizo pensar que si hay aliados vegetales como el espíritu del romero, la salvia y la belladona, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo con la Manteca de karité, el Ácido ascórbico (vitamina C), el 1501 Fluid o el Miristato de isopropilo? Sí, lo sé, muchos os estaréis llevando las manos a la cabeza con esto de que las sustancias vegetales procesadas, químicas o sintéticas sean algo más que la dimensión física. Sin embargo, a mí no me parece tan descabellado.

Primero porque parto de una posición de apertura mental. Creedme que ser maga/bruja/pagana a la vez que científica requiere desarrollar una apertura mental a nuevas ideas que me predispone a no descartar a priori como falso lo extraordinario, improbable o inverosímil con lo que me encuentro. No me cierro en banda a algo sólo porque "la tradición" no lo contempla. Al final para mí supone un salto más grande considerar la magia como algo real a pensar que esa visión se expande un poquito más. Por eso soy afín a la magia del caos, aunque no me gusta ponerme esas etiquetas.

Segundo, porque mi intuición no suele hacerme demasiadas señales luminosas así que cuando lo hace es que hay algo detrás.

Tercero, porque a lo largo y ancho del mundo, hay muchas personas en otros laboratorios interactuando con las mismas materias primas, de los mismos proveedores. Si en el paradigma mágico-psicológico aceptamos que somos capaces de crear egregores gracias al inconsciente colectivo (sería mejor llamarlo subconsciente colectivo), e incluso muchos afirman que las grandes empresas lo son, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo con el aceite de almendras dulces que tengo en el armario del laboratorio?



Al final ahí estoy yo, día a día, aprendiendo sobre las sustancias con las que trabajo (de ellas y con ellas) pero a la vez aprendiendo a ser paciente, resolutiva, innovadora, creativa... Y cuando pienso que lo tengo todo controlado, siempre aparece un reto mayor que me saca de mi zona de confort, me hace sentar mi culo en la silla para estudiar y transito el camino de la frustración hasta que consigo resolverlo y aprender algo nuevo. O no lo consigo resolver, admito mi incompetencia y lo dejo ir, aprendiendo aún más si cabe en el proceso. Como una suerte de trabajo alquímico, exterior e interior, exotérico y esotérico, que me hace esforzarme por ser mejor día a día. Me apasiona mi trabajo, y tengo la sensación de que estoy donde debo estar.

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